9 de abril de 2026
Roseto es un pequeño pueblo del estado de Pensilvania, en Estados Unidos. Este núcleo urbano fue fundado en su totalidad por inmigrantes originarios de una pequeña localidad italiana situada a los pies de los Apeninos llamada Roseto Valfortore. A finales del siglo XIX, el pueblo italiano experimentó un gran flujo migratorio y los rosetianos se desperdigaron por todo el mundo. Un grupo muy importante emigró al estado de Pensilvania con la intención de trabajar cerca de una cantera de pizarra y con el devenir de los años, los rosetianos fundaron un pueblo al que denominaron Roseto en homenaje a sus orígenes. El pueblo fue desarrollándose en tamaño y servicios, dispuso pronto de un consultorio médico para atender a sus aproximadamente 1600 habitantes de la época. Con el tiempo al médico asignado a la población le llamó la atención que los habitantes de Roseto sufrían tasas significativamente menores de enfermedades cardiovasculares que el resto de los habitantes de las poblaciones cercanas y, en un encuentro, lo comunicó al Dr. Stewart Wolf, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oklahoma y, a la postre, uno de los padres de la medicina psicosomática y coautor del libro “ The power of clan: influence of human relationships on heart disease ”. En un principio, se barajó la hipótesis de que los hábitos alimenticios propios de una comunidad mediterránea beneficiaban a estos inmigrantes en comparación con la población tipo estadounidense. Pero los rosetianos habían adquirido los hábitos alimenticios de la sociedad estadounidense e incluso en los apuntes del doctor Wolf se observaba que el tabaquismo estaba muy extendido entre la población, algo que debía perjudicar seriamente su salud cardiovascular. Una vez descartada la mencionada hipótesis, la siguiente suposición se dirigió a la genética de los rosetianos. Pero al estudiar la incidencia de las enfermedades cardiovasculares en otros rosetianos que no residían en la población también se desechó esta hipótesis. Aquellos que residían en otras partes de Estados Unidos sufrían enfermedades cardiovasculares con la misma incidencia que los demás estadounidenses. El siguiente estudio se centró en el análisis de la zona geográfica en la que vivían, pero poblaciones colindantes como Bangor o Nazareth tenían las mismas tasas de incidencia que las demás poblaciones de Estados Unidos. El doctor Wolf contó con la colaboración del sociólogo John Bruhn, quien resultó ser vital en el esclarecimiento del misterio de Roseto. Tras analizar la epidemiología de este fenómeno, llegaron a la conclusión de que el hecho diferencial que se podía relacionar con la baja mortalidad cardiovascular era el singular tipo de relaciones sociales que caracterizaba a los habitantes de este pueblo . Los rosetianos habían construido una comunidad muy cohesionada: gente afable que se ayudaba mutuamente, sin distinciones en el trato según el nivel económico, con las casas muy cercanas y familias extensas, acogiendo algunas viviendas a tres generaciones, y donde los ancianos eran reverenciados. Todo ello se traducía en una comunidad con un bajo nivel de estrés, donde sus gentes se llevaban bien, hacían tertulias todos los días y jugaban a las cartas. En definitiva, el sentimiento de comunidad era extraordinario para una comunidad afincada en un país donde primaba sobremanera el individualismo. A este fenómeno se le ha denominado « efecto Roseto ». En 1992 el American Journal of Public Health publicó un análisis científico que parece reforzar esta relación al comprobar que los rosetianos habían pasado a tener la misma tasa de infartos que los habitantes de sus poblaciones vecinas, coincidiendo con la evolución de su tradicional estructura social cohesionada y solidaria hacia el característico modelo individualista de la sociedad americana. Esta historia nos sirve como ejemplo para ilustrar la importancia que tiene el apoyo social para nuestra salud. De hecho, la Medicina del Estilo de Vida considera a las RELACIONES SOCIALES como uno de los pilares básicos sobre el que se cimenta nuestra salud. Existe evidencia científica sobre el efecto que ejercen las relaciones sociales en distintos aspectos relacionados con la salud : 🧠 Sobre la Salud mental Reducen el estrés y las tasas de ansiedad y depresión. Fomentan la autoestima, el sentido de pertenencia y el propósito vital. Actúan como factor protector frente al deterioro cognitivo y la demencia. ❤ Sobre la Salud física Se asocian a menor riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión y mortalidad. Mejoran el sistema inmunológico (menos infecciones, mejor recuperación). Y se asocian a mayor esperanza de vida: el aislamiento social tiene un impacto comparable al tabaquismo o la obesidad. 🧬 Sobre la regulación biológica Disminuyen el cortisol (hormona del estrés). Mejoran el sueño y la regulación emocional. E influyen positivamente en procesos inflamatorios y metabólicos. 👵 Sobre etapas clave de la vida (especialmente en personas mayores) Previenen la soledad no deseada, la fragilidad y la dependencia. Favorecen la adherencia a tratamientos y hábitos saludables. Mantienen la autonomía funcional y la motivación diaria. 🌺 Sobre la calidad de vida Dan sentido a la experiencia cotidiana. Facilitan la resiliencia ante la enfermedad, el duelo o cambios vitales. Hacen la vida más activa, participativa y significativa. Probablemente esta influencia sobre la salud de las relaciones sociales tiene que ver múltiples aspectos, como pueden ser: El sustento emocional que nos proporciona. La mejora en nuestra información respecto a conductas saludables y cierto efecto “contagio” de los aspectos positivos que induce entre sus miembros. Mejoras en nuestro nivel de “autocontrol” y en el mantenimiento y fomento de la autoidentidad, la autoestima, y la gratificación de necesidades de pertenencia a un grupo. Cierta “influencia simbólica” sobre nuestras decisiones O mejoras en la información y el afrontamiento ante agentes estresores En las Relaciones Sociales importan aspectos cuantitativos , contextuales y cualitativos . Parece que mejor cuanto más tamaño , más densidad en las interconexiones, más reciprocidad o equilibrio entre las relaciones, y más homogéneos son los grupos, es decir, cuando existe más congruencia entre sus miembros en una dimensión determinada: actitudes, experiencia, valores, etc. También importan las características de los participantes , como la personalidad, roles, presencia o no de otros recursos, el momento del afrontamiento y la duración del apoyo, siendo esto especialmente relevante en el caso de pacientes crónicos o con personas que sufren estrés a largo plazo, ya que exige una habilidad adecuada para mantener y/o cambiar el apoyo a lo largo del tiempo por parte de los donantes del apoyo. Y, por supuesto, influye la calidad de las relaciones . Al respecto, en nuestro proyecto ya hemos tenido experiencias y talleres varios. Se pueden hacer (y estamos haciendo mucho y bien) muchas intervenciones para fomentar las relaciones entre el grupo: - Organización de actividades grupales regulares (como comidas compartidas, talleres, clubes de lectura, ejercicio físico y eventos culturales). - Creación de espacios comunes accesibles y bien diseñados (salas de estar, jardines, cocinas comunitarias), que incentivan encuentros espontáneos y actividades sociales, favoreciendo la cohesión y el apoyo mutuo. - Participación activa en la toma de decisiones y gestión comunitaria, lo que fortalece el sentido de pertenencia y autonomía, y permite adaptar las actividades a las preferencias y necesidades del grupo. - Co-producción y co-creación de actividades , involucrando al mayor número posible de miembros en su diseño y ejecución, lo que aumenta la motivación y la sostenibilidad de las iniciativas. - Intervenciones de apoyo instrumental y emocional - Facilitación por coordinadores comunitarios , que pueden organizar actividades, mediar conflictos y promover la inclusión de todos, especialmente de aquellos con menor iniciativa social. En Sistar Cohabitatge estamos en proceso de construir nuestro particular “Roseto”. Los “cohousing” no son más que réplicas de una forma de vida que ya sabemos que funciona. Una comunidad cohesionada que facilite las relaciones sociales de calidad y que invite a un estilo de vida más saludable. ¡Sigamos construyendo salud! Artículo publicado en El Sistar nº 22 ( haz click para ir a la revista )